El exsubsecretario de Derechos Humanos de Corrientes, Pablo Vassel, dialogó con el equipo de Justicia Sin Vueltas en Radio Caput sobre muerte del joven Lautaro Rosé, ahogado en el río Paraná mientras escapaba de la represión policial; y reflexionó sobre la violencia institucional que se vive en la provincia de Corrientes y su correlato en la justicia. «La Policía prepara la torura», afirmó.
El exsubsecretario de Derechos Humanos de Corrientes relató brevemente el caso de la muerte de Lautaro, que despertó una fuerte reacción de rechazo de la sociedad correntina, que se opone al permanente acoso que sufren los jóvenes de barriadas populares. Por lo que se sabe, algunos de los doce policías imputados podrían ser acusados de incumplimiento de los deberes de funcionario público y de abandono de persona, delito que contempla penas similares a las del homicidio.
Contó Pablo Vassel que «Lautaro era un joven de 18 años de una barriada cercana al río, muy solidario, formaba parte de un merendero, ayudan con las tareas escolares y brindan contención niños y adolescentes. Su gran pecado fue ser joven y vivir allí. Un día cansado del abuso diario, decidió huir de una de las frecuentes represiones irracionales y amedrentamiento que ejercía la policía de la zona. Huyó de los palazos y de las balas policiales, y se tiró al río, que tiene pozos y terrenos irregulares. Mientras él pedía ayuda y gritaba que no sabía nadar, la policía no hizo nada, según relató un testigo que también era golpeado por los agentes. Cuando dejaron de escucharse sus gritos porque la corriente se lo llevaba, los policías no tomaron ninguna medida de auxilio ni reportaron el hecho«. Y agregó que «siempre los reprimidos son jóvenes morochos, o de pelo largo o con gorrita. Si tienen otras características, no son penalizados, hay un claro sesgo discriminatorio en su accionar, miran las caras y se la agarran con los pibes pobres, es como que verifican las fuentes de ingresos de la familia y el aspecto antes de detener a alguien«.
Este accionar policial no es nuevo en Corrientes. Al respecto Pablo Vassel ilustró la situación con otros casos típicos que quedan en la memoria, contó que «Torres era un cabo de la policía, había sido estudiante universitario y militado en Franja Morada anteriormente, para llegar a ser oficial debía pasar por varios tormentos. Durante las noches encapuchados lo obligaban a hacer saltos de rana, y otras formas de castigo, todo ello a 45 grados de temperatura. Lo terminaron llevando a la muerte con esa tortura y otros aspirantes a policías terminaron gravemente enfermos por los vejámenes sufridos. Si torturaban a un futuro oficial de policía, imagínense lo que hacen con el resto. La propia institución prepara para la tortura, es lamentable el accionar autoritario de la policía en Corrientes«. También recordó lo sucedido en Tapebicuá: «Es un pueblo de 750 habitantes, en un acto político de 70 u 80 personas balearon a un diputado provincial en el escenario, pasados varios meses la policía no logró identificar al tirador». No sólo se trata de una policía violenta, sino de un profundo entramado de corrupción e irracionalidad.
La policía de Corrientes tiene permitido detener a alguien por “merodeo”, figura subjetiva que define el propio personal policial. Bajo ese pretexto lo pueden tener a alguien preso hasta 29 días sin que el comisario tenga la obligación de notificar al juez o que le peritan llamar a un abogado. Algo que parece pre democrático visto a la distancia. «¿Y quienes son los merodeadores?» se preguntó Vassel: «siempre son jóvenes con los mismos rasgos. Las cárceles de Corrientes están llenas de jóvenes que infringen pautas policiales menores«. No obstante lo cual, los funcionarios policiales no reciben una sanción adecuada, ya que «a los policías los suspenden por poco tiempo y los trasladan, no son castigados. Esta fuerza tiene este mecanismo desde tiempo inmemorial. Hay cierta pasividad frente a otros hechos de abuso policial, hay un dejar hacer del gobierno de Corrientes que permite este tipo de conductas al no tomar medidas» sostuvo.
Pese a que hay presiones para que cierre la causa, la jueza interviniente viene investigado el caso. Las marchas al edificio de Justicia y al Ministerio de Seguridad provincial por parte de la sociedad civil impulsan el avance de la investigación. «Desde un primer momento la gente se sensibilizó y movilizó por la muerte de Lautaro, quizás porque era tan buena persona, estudiaba y lo querían en su barrio. Las personas a menudo hacen una diferenciación entre muertos de primera o de segunda clase, si no hubiera sido tan buena persona, su muerte no hubiera causado la misma reacción social».
La particularidad de este caso es que es una de las primeras veces que la justicia permite investigar a otra fuerza de seguridad y no deja que la misma fuerza implicada tenga todas las posibilidades de desviar la investigación. El protocolo de Minnesota establece que en los crímenes de agentes estatales, la instrucción de la causa no la debe llevar la misma fuerza. hasta el momento la jueza parece abierta a dejar que sea la gendarmería la que instruya en la causa. «El hecho de que la jueza tenga que convocar a otra fuerza, da cuenta de la presión social que hay sobre la magistrada».
Lautaro fue una victima de la persecución policial, al menos hubo negligencia de la policía de Corrientes que por todos lados aparece implicada en el hecho. Vassel en tono escéptico recalcó que «siempre se esperan nuevas víctimas con la policía de Corrientes». Sin embargo, esta vez pareciera que el de Lautaro no será un crimen más, la sociedad creó un anticuerpo poderoso que se niega a la indiferencia y al olvido forzado, ahora también cimentado en el reclamo ciudadano en las calles por un cambio profundo en las instituciones de la provincia.
Pasó en Caput.#JusticiaSinVueltas






