El economista Juan Valerdi se refirió a los dilemas que el país y el mundo enfrentan en este momento de pandemia, y lo que vendrá. «El mundo es otro, y no para un tiempito. En la Argentina en particular tenemos muchos dilemas que resolver. No hay espacio para ir con timidez, pidiendo permiso y tibiamente, tanto por la situación de pandemia como de crisis económico financiera internacional», sostuvo.

Valerdi afirmó que “hay economistas operadores que aportan a la confusión y también hay políticos que están operando a favor de sus intereses y de la gente que ellos representan -que obviamente es una minoría muy pequeña-, y en contra de la gente que después muchas veces termina tomando decisiones en contra de sus propios intereses».

“Hay un montón de gente con mucho poder y muchos recursos económicos que está preocupada porque no tiene claro si va a poder mantener todos los privilegios que han tenido por lo menos en los últimos cuatro años en la Argentina, y en otros momentos nefastos también. Esa gente está preocupada y está operando activamente. Cuando es por un impuesto del 1 o 1 y medio por ciento de sus fortunas, lo hacen no por ese 1 y medio por ciento -que obviamente, nunca sienten que algo les sobra-, sino para que no se avance más en ese sentido: que los que más tienen sean los que pongan por una vez en la historia», sostuvo el economista.

«Están bastante desesperados, pero al mismo tiempo tienen un poder de fuego mediático muy fuerte. Y la gente muchas veces compra esos versos que venden, porque le resulta mucho más fácil que entender qué es lo que está en juego y cuáles son sus verdaderos intereses. En eso, uno de los grandes perdedores siempre en la toma de decisiones es la clase media, que termina apoyando a los tipos que no pagan impuestos, y eso hace que la AFIP termine pescando en la pecera de la clase media”.

Respecto a las recetas ‘a la europea’ de aplicar un impuesto a los ricos o control de alimentos, opinó que “se pueden aplicar no las misma recetas, sino las mismas tendencias de que los que más tienen sean los que paguen parte del costo de sacar a la Argentina de la emergencia, porque lo que hay que tener en cuenta es que todas las recetas que se están aplicando ahora no tienen que ver con reactivar a la Argentina o con planear una especie de sendero del desarrollo armonioso para el futuro. Estamos hablando de la emergencia».

«Hoy lo que tenemos que atacar con medidas del Estado  -y por suerte estamos en buenas manos de un gobierno que lo maneja, porque si no estaríamos en graves problemas-, es la emergencia de la cuarentena sumada a la crisis económico financiera internacional. Y las medidas son muy parecidas en todo el mundo: un Estado presente, que inyecta dinero en las pymes, para que no quiebren, porque eso sería terrible a mediano o largo plazo –y a corto plazo también, por los despidos-, y que le inyecte dinero a la gente, empezando por los que están más cerca de la indigencia y de la pobreza”.

La pregunta del millón es de dónde sacás la guita. Algunos Estados tienen más espalda, y otros tienen que darle más a la maquinita, pero lo que no hay es alternativa. No podés decir que el Estado se queda mirando cómo se arregla esto, y que colapse el que tenga que colapsar, porque ahí estamos al horno”.

“Después tenemos que tener la discusión de cómo remontamos eso, en el caso de la Argentina, hacia un país viable, que en los últimos cuatro años fue absolutamente demolido. Ahí sí las medidas van a ser más originales en nuestro caso, si es que realmente vamos a avanzar hacia algo posible”.

Sobre la suba del dólar, los precios, y la actitud de los bancos, que no entregan a tasa cero, afirmó: “me preocupa que el gobierno no vaya a fondo. Primero porque no hay espacio para ir con timidez, pidiendo permiso y tibiamente, tanto por la situación de pandemia como de crisis económico financiera internacional, que ya se venía gestando y que le pega a la Argentina –sobre llovido, mojado- que fue la pandemia de macrismo. No hay espacio para no tener un problema social gravísimo sin tomar medidas muy fuertes. Esas medidas tienen que ser: control de precios -de la formación de precios de alimentos y bebidas, de la canasta básica-, entrega de capital de trabajo a las empresas y al mismo tiempo lo que tenga que ver con el pago de impuestos de los que más tienen. Y en ese contexto, el dólar –el contado con liqui, que tiene una operatoria muy chiquita, que no mueve el amperímetro- sirve para que los medios hegemónicos estén agitando el peligro de hiperinflación, o que darle a la maquinita es peligroso. Ahí el gobierno, a través del Banco Central, tiene que trabarlo, y tiene las herramientas, porque no hay ninguna razón para que se permita que esa operatoria siga”. “Para eso hay que tener una decisión política y una mano firme, y enfrentarse a los medios”, concluyó.

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