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El lenguaje, las palabras tienen un límite.

No. No es su definición. Es el tiempo.  

Hay quienes se resisten a los cambios. Existen otres que se adelantan y corren más rápido que el diccionario. Pero hay señores de porcelana que se suben al DeLorean y viajan al pasado. Cuando esto ocurre, Alejandro Weber lo llama tiempo de definiciones.

Forro.

“Un forro es quien le da a las personas de su entorno un uso acorde a sus intereses y cuando ya no puede obtener más nada de ellas, las deja de lado”, define Weber. Aunque aclara que, como tantas otras palabras, puede tener más de un sentido y, en este caso, estar del otro lado: “Forro es una persona usada por otra, para luego ser descartada”.

Ser un forro, frase coloquial propia de Argentina, se utiliza para decirle a alguien que es una mala persona, un tonto, alguien en quien no se puede confiar. Casi siempre está atravesada por el enojo y tiene el valor de un insulto”. Forro puede ser “un idiota útil”, alguien “servil de otro cumpliendo sus intereses y órdenes en contra, inclusive, de sus pares”. También se le puede decir a un amigo: “Dale che, no seas forro y bancame”.

Pero específicamente, en este tiempo de definiciones, hay que Volver al Futuro y recordar que forro, según la RAE, es una “funda fina y elástica para recubrir el pene durante la relación sexual, a fin de evitar la fecundación o el posible contagio de enfermedades”, como el VIH, porque el virus no atraviesa sus poros.

Puede que parezca ficción.

Pero no lo es.

Pasó en Caput. #DarEnLaTecla. (Sáb 21 hs).