¿De dónde sacan su inevitable fuerza las propuestas de la derecha?
Estas reflexiones se deben a la lectura del libro “Capitalismo, deseo y servidumbre” de Frederic Lordon
“Son las estructuras sociales, en el caso salarial las de las relaciones de producción capitalistas, las que configuran los deseos y predeterminan las estrategias para alcanzarlos: en las estructuras de la heteronomía material radical, el deseo de perseverar material y biológicamente está determinado como deseo de dinero, que está determinado como deseo de empleo asalariado.”
Frederic Lordon
El tema es siempre el mismo: como logran los dominadores, las clases dominantes, obtener el consentimiento, apoderarse de la capacidad de realización, de la potencia de ser de los dominados. Cómo consiguen los que mandan, los patrones, alinear el deseo a la norma que les permite acumular riqueza a niveles obscenos.
Algunas ideas sobre dependencia y alivio:
El laburante depende del empleador para acceder al dinero que le permita satisfacer sus necesidades.
El laburante necesita/desea el dinero. La sociedad se ha conformado de manera que la única forma de acceder al dinero sea la relación de empleo con un pago en dinero (salario o semi-salario).
Cualquier ley que modifique la relación patrón-laburante, garantizando el acceso seguro a una cantidad de dinero, reduce la inseguridad del empleado. Al mismo tiempo si reduce la inseguridad del empleado hace menos efectiva la capacidad de dominio del patrón como proveedor del dinero necesario para vivir.
El patrón amenaza, si la sociedad mantiene mi obligación de asegurar una fracción del dinero necesario para la vida yo no participo de la trama productiva y no se genera la relación salarial indispensable para los empleados.
Esa amenaza es explícita en el discurso de la derecha. Movimiento de inversiones entre países que obligan a los Estados a conceder beneficios. Posibilidad de valorización financiera que reduce la inversión industrial. Despidos masivos de trabajadores hasta que cambie el poder político.
Opciones posibles:
1 Obligar a los empresarios a participar de la trama productiva para que se vean obligados a pagar salarios
2 Conceder a los empresarios sus condiciones para que se dispongan de buena gana a participar de la trama productiva y así convocar a los empleados que de esta manera acceden al dinero necesario para vivir.
La condición estructural de que los empleadores son los mediadores sociales de la satisfacción de la necesidad los pone en un lugar de dominación social.
La necesidad de dinero (como representante de las necesidades y deseos) de los empleados hace que la amenaza sea vivida como un riesgo de vida y de abandono en extremo doloroso, traumático.
No se quiere ver la dominación extrema que puede negar la satisfacción mínima de las condiciones de vida. Los empleadores controlan los canales que permiten acceder a cubrir lo mínimo indispensable para vivir. Ese afecto que vincula a las dos partes es tan doloroso que queremos esconderlo a nuestra conciencia cotidiana.
Eso es un trauma, algo que debe ocultarse, que hay que hacer esfuerzo para ocultar. Un lugar de encuentro social e individual de ocultamiento. Por ejemplo a través de la moral del trabajo. (trabajar es bueno, no seas vago, la dignidad del trabajo).
En la publicidad de Diego Santilli para la Provincia de Buenos Aires se habla de planificar el trabajo. Los representantes de los empleadores amenazan con la falta de trabajo y ofrecen el alivio fantasioso de paliar el miedo que ellos mismos provocan. El miedo, el abandono de no tener que comer, que vestir, como curarse, donde vivir.
Del lado de los empleados la capacidad de alinearse con las condiciones de producción de los empleadores es vivida como un mérito, como una capacidad, como una virtud, con alegría.
Alegría que tiene dentro el alivio de creer que se ha esquivado por el momento la amenaza de no tener, y esto se vive como un mérito, el mérito de ser el más trabajador, de ser individualmente el que más satisface los deseos del patrón.
La alegría de saber que el dominador no va a abandonarme. Él quiere participar de la trama productiva con ciertas condiciones y yo estoy de acuerdo y lo vivo como un alivio- alegría- realización. Participo de la alegría del empresario- dominador.
Esta alegría de tener, este alivio, sigue ocultando la relación afectiva que da forma al ser, que crea una forma de ser. Este dolor que obliga a guardar la bronca y produce esa sensación de ser un salvado por algún mérito personal que no se logra discernir con claridad pero que suponemos que existe.
El punto es que el empleado vive como voluntario el sometimiento al patrón. Ese es el problema. El alivio. La alegría de servir.
¿Cómo se produce esta subjetividad que vive como voluntaria la explotación a que está siendo sometida? Más, la vive con alegría, como realización. Esa relación individual de sometimiento reemplaza a la colectiva de proletarización, de explotación.
Relación entre necesidad y deseo.
Necesidades básicas como deseos: parece que el comer, el tener abrigo, el tener refugio no fueran los deseos primigenios. Como son los constitutivos de la vida, sin ellos no se puede vivir, entonces se convierten en necesidades. Son deseos que abiertamente aparecen como no reprimibles, como involuntarios, como que se imponen a la voluntad y cuando no lo hacen no es posible la vida.
La amenaza del desempleo es de muerte. Es tan terrible que hay que vivir con alegría el sometimiento al deseo de otro para no ver el miedo a la insatisfacción del deseo propio.
La promesa de los patrones de dar empleo si se cumplen sus condiciones, esconde la amenaza de que si no se cumplen las condiciones no se satisfarán las mínimas condiciones de vida de los empleados. El riesgo de abandono y muerte.
Hay que vivir con alegría el sometimiento para ocultar el miedo a la muerte. La moral del trabajo, la alegría del consumo, esconden el miedo a la muerte. La evidencia de la solución por la precarización laboral esconde la imposibilidad de hacer consiente el grado de sometimiento del laburante.
El tipo o la mina que están contentos de ser explotados están sosteniendo el dolor de la relación que se impone por el miedo a la muerte, al abandono.
El deseo se hace conciencia según las relaciones sociales que le otorgan existencia. Lo que en la construcción de un sujeto se le ofrece, o encuentra, como objeto de satisfacción de esa posibilidad inevitable que es la producción de deseo.
Cuando la relación de deseo se satisface por objetos eso esconde la creación de los objetos por otras personas que ocupan un lugar social. El fetichismo de la mercancía que esconde las relaciones sociales que la producen.
Si la relación con esas personas que producen el medio, dinero, para obtener los objetos, si esa relación es de dominio, es decir de disminución de la confianza, la tranquilidad, la autonomía del sujeto que se satisface, si eso pasa nunca se va a satisfacer el deseo. Porque el deseo a través de su materialidad está deseando el vínculo con la otra persona.
En el espacio que media, en la relación es el momento en que se producen las personas. Cuando esa relación produce y mantiene una persona dominada y siempre en riesgo, es una ficción que eso se soluciones a través de la obtención de objetos. Lo que oculta y muestra es un sacrificio cada vez mayor para obtener lo mínimo necesario.
La promesa de la derecha oculta la amenaza de la insatisfacción total, hasta la muerte de las necesidades.
Por eso el discurso progresista consiente que dice que estos son nuestros derechos y así funciona la economía del país, no alcanza para detener la fuerza del discurso de precarización de la derecha si no se propone modificar el tipo de relación social que nos hace ser los sujetos que somos.
Cuando se habla de voto aspiracional se cae en el mismo error, porque se supone un individuo que quiere tal cosa o tal otra y no se tiene en cuenta el mecanismo social social que produce, modela y valida los afectos y las posiciones en la estructura social de las personas que suponen determinadas posibilidades de subjetivación y las famosas aspiraciones.
Es decir, uno no aspira lo que se le ocurre desde una voluntad independiente y libre. Mas bien lo que aparece como aspiración es la emergencia en forma de yo, de una red afectiva, de una estructura económica, de una trayectoria de vida que permanece oculta y genera la ilusión de la elección libre.
Cosas para hacer.
¿Cómo intentar modificar estas situaciones?
Es una pregunta para pensar lo que no podemos pensar, lo que duele.
Elaborar un discurso que revele el miedo inconsciente a la muerte, pero cuando eso se pone en práctica aquel que sea el mediador para esa toma de conciencia será odiado.
La práctica de que otra forma de relación con el proveedor de satisfacciones y mediador del dinero que es el patrón. Una forma que no sea individual sino colectiva. Donde el sostenimiento de la tranquilidad y el alivio sean los compañeros y no los dominadores.
Hay una variante en la educación ahí, dejar de hacer trabajos individuales y pasar a prácticas colectivas de construcción de conocimiento y discurso y planteamiento de problemas.
Las experiencias de trabajo colectivo, la disposición como dirigentes de ser el mediador odiado, la apelación al amor compañero y a la bronca solidaria. La experiencia de la potencia del colectivo para recuperar un lugar en la estructura social productiva que no sea meramente la de depender de los dueños de los medios de producción.
Cuando abandonamos las certezas de los objetos y la seguridad del sometimiento y el alivio. Todo empieza a ser precario, inestable, doloroso, creativo, liberador.
Por Adrián Tendler.



