El poeta, compositor y cantante oriundo de Avellaneda, Pablo Ramos, conversó con el programa Filosofía Rock sobre su vida y sus influencias musicales y literarias.

Pablo Ramos reveló aspectos de su vida y de sus influencias musicales e intelectuales, en un recorrido que nos dejó anécdotas de su vida como callejero irredento, que se fue transformando en un autor multifacético, y que paulatinamente logró trascender la música y vincularla con la poesía y la literatura. Sobre el final de la entrevista, Pablo con guitarra en mano se animó a cantar unos temas propios y no dudó en precisar sus afinidades políticas.

Sus trabajos son difíciles de definir. Cruzan sentimientos puros y subjetivos como la soledad de lo urbano, los recuerdos conurbanenses del origen, la melancolía por los momentos felices y la crueldad de los grises, con la filosofía de los clásicos y enseñanzas de otras culturas. Todo bajo un halo de sensibilidad y ternura. Una maravillosa parábola que va del Rock proletario a la poesía de Rilke, tan sólo por trazar un línea arbitraria.

La charla con Elizabet Vega Gron, Natacha Mell, Mónica Mellman y Pablo Ricci comenzó con Pablo recordando su legado familiar que lo acercó a la música popular y a la literatura. Relató que su abuelo era cantante y le explicaba la letra de los tangos, «ahí aprendí a analizar la literatura». Luego empezó a leer en la Biblioteca del Congreso, «me daban un té con un sanguchito y ahí leía por las noches».

Pablo Ramos contó que vivió en los 80 en zona sur de Buenos Aires, «ahí conocí al Indio, a Luca que nos partió la cabeza, a Los Violadores… esa gente que tenía una cabeza diferente». No obstante no fue todo un camino de rosas para un joven de clase proletaria. Su libro «Amor No Roma Mi Amor» es un corpus que puede servir de inspiración para quienes no se animan a escribir, en especial cuando las circunstancias apremian. Pablo nos da una idea de su abnegación por seguir sus utopías cuando dijo que «tenía muy poca esperanza de que me publiquen pero igual seguía escribiendo» y que «este libro habla de es eso, tenía el impulso de escribir en cualquier circunstancia».

También recordó épocas de oscuridad, que acechan y pese a que no puede desembarazarse del todo de la mirada de los otros -que por ejemplo se preguntan «¿Como va a ser escritor si vive acá al lado?»- aclaró que quien más juzga es él mismo. En cuanto a la disyuntiva sobre si volver a las calles del pasado se lamentó porque «hoy hay ciertos lugares a los que no puedo volver, yo mismo sembré relaciones oscuras».

Sobre las tentaciones dijo que no tiene «una cuestión moral» con la droga, sino que «es un infierno y cuando bajas la guardia el tedio y el aburrimiento acechan nuevamente».  En ese sentido Pablo comentó cómo encontró un bálsamo en la escritura y aseguró que tiene que escribir «para no volver a ese Pablo, sino para ser ese Pablo que quiero que termine sus días de determinada manera». Casi una semblanza de una de sus novelas más renombradas «El origen de la Tristeza», la cual fue llevada a la pantalla grande, con guion propio. Su novela «El Origen de la Alegría» podría ser la contra-cara de esta parte lúgubre. Allí recuerda a su hermana por quien se advierte tiene fuertes sentimientos de gratitud.

Sobre sus ideas políticas destacó que es peronista desde la cuna. Dijo que «soy ahijado de Ubaldini» y que «Néstor tenía una gran humildad, pero también sabía ejercer el poder». Pablo expresó que «cuando se puso la banda presidencial torcida fue para comerlo a besos» y recordó que «firmaba con una la lapicera argentina marca BIC, antes de él todo era con pluma de oro». En este apartado destacó que el peronismo reconoce el derecho al goce de todos, y que «todos queremos gastarnos el aguinaldo».

Pablo Ramos también mostró su lado creyente, como el de un peregrino cansado de deambular que busca sosiego. Pablo se acercó a la religión desde una perspectiva propia, auténtica como él. Al respecto el escritor aclaró que «vos mismo tenés que considerarte Dios, dejar esa idea de un Dios lejano, pesado…es más interesante la idea de Dios como ternura, como una creación propia». Dijo que ir a misa le ayuda, «es algo así como una decisión propia de ser humilde y generoso, estoy en una lucha permanente contra mi soberbia y envidia». Recordó una reflexión de su pareja, quien pese a no ser religiosa lo acompaña los domingos solamente «para verlo arrodillarse frente a alguien», un gesto no poco significativo para todo rebelde que se precie.

Por último, confesó que le asombran los milagros cotidianos que nos rodean, como cuando una señora al leer su libro logró perdonar a su hijo que estaba en prisión por un tema de drogas. De modo que este creador y letrista irredento que se vinculó con los grandes del Rock Nacional y, no conforme con ello, se lanzó a la aventura literaria, es capaz mediante sus libros y canciones pero también a través de su particular biografía de ofrecer comprensión y esperanza. En definitiva a lo largo de la entrevista logramos conocer algo más en profundidad a un ser humano íntegro capaz de generar sentimientos nobles en quienes lo rodean, leen y escuchan.

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