El 3 de enero del presente año se cumplieron 189 años de la ocupación británica de las Islas Malvinas y este año se conmemoran 40 años del conflicto bélico insensato iniciado por la junta militar que marcó a una generación de jóvenes y aún representa una herida abierta para el pueblo argentino.

Es por ello que el gobierno nacional anunció este lunes los actos de la «Agenda Malvinas 40 años» que, bajo el lema «Malvinas nos une» con un criterio federal y multidimensional, que se realizó a las 18 en el Museo Malvinas. También serán organizadas más de cien actividades conmemorativas durante todo el año,  por una comisión específica creada por el presidente Alberto Fernández. El objetivo es darle visibilidad a la “cuestión Malvinas»,  que está en el seno de las Naciones Unidos (ONU), tanto a nivel nacional, regional como internacional, poniendo en evidencia los títulos históricos, jurídicos, geográficos y geopolíticos que acreditan la posesión argentina. Esto implica enfatizar la acción diplomática de todas las embajadas y participar de todos los foros, tanto en organismos internacionales como en otros países, para tratar de que el Reino Unido cumpla con la resolución de la ONU que invita al diálogo a ambas naciones.

Edgardo Esteban veterano de guerra y Director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, anticipó que “se trata de en una estructura interministerial, con organizaciones sociales y gremiales, asociaciones de excombatientes, sectores de la cultura, las provincias y los municipios para lanzar una consigna que nos une, como la de Malvinas y que podamos hacerlo mirando hacia el futuro, porque la lucha por recuperarlas no cesa y es un reclamo que debe estar por encima de cualquier diferencia política, tal como lo anunciara el Presidente Alberto Fernández en su acto de asunción el 10 de diciembre de 2019”. Esteban indicó que la causa Malvinas es “un tema que nos une”, es parte de la identidad, del presente y del futuro y es “una política de estado que hay que fortalecer”. Consideró, a su vez, que es un buen momento para recordar, homenajear y trabajar en lo que fue el conflicto bélico para tomar conocimiento de ese pasado que nos marca y, desde esa perspectiva, encarar el futuro. “Como en 2012, cuando todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria aprobaron un decálogo sobre lo q significa la soberanía, hacemos esta conmemoración  mirando hacia el futuro para traspasarle este amor profundo por la causa Malvinas a las generaciones venideras” sostuvo Esteban.

Añadió Edgardo Esteban que “en Malvinas hay un puerto de aguas profundas mirando hacia nuestra plataforma continental y nuestros recursos naturales, es la base militar más grande de la OTAN, es un reservorio de agua potable” y la llave de acceso al continente inexplorado: la Antártida que será esencial en un futuro. Por todo esto llamó a “fortalecer este reclamo, como una cuestión de Estado y trabajar en unidad para que sea definitivamente una causa nacional”.

Por su parte el titular de la Secretaría de Malvinas, dependiente de la Cancillería, Guillermo Carmona recalcó que “el objetivo de esta iniciativa es avanzar en la acción diplomática en función de cumplimentar lo que establece la Constitución Nacional, que es la recuperación del ejercicio de soberanía por el camino del derecho internacional, tras la ocupación ilegal del 3 de enero de 1833”. Y agregó que “queremos manifestar la importancia de que la Argentina siga exigiendo diálogo a los efectos de que esta disputa se salde por el diálogo que establece el derecho internacional”. ”Lanzamos una agenda internacional, federal y multidimensional que abarcará a todo el año 2022 en función de reconocer y homenajear a los caídos, veteranos y sus familiares, y por otro lado iniciar una agenda de visibilización y divulgación de la causa Malvinas en cada foro internacional y en los distintos países para que el mundo conozca las resoluciones de Naciones Unidas y se vuelva al diálogo, y así modificar este status colonial que impuso el Reino Unido a nuestro país” concluyó Carmona.

Antecedentes  

Los vaivenes de la historia quisieron que los intentos por acercar posiciones negociadoras con el ocupante Estado Británico no prosperaran pero la historia esconde en sus pliegues acontecimientos que intentaremos desentrañar, desde la mirada nacional de Radio Caput.

Desde que fueran descubiertas en el siglo XVI, las islas del Atlántico Sur despertaron el interés de las potencias europeas. En 1764 Francia ocupó la Isla Soledad y España reaccionó rápidamente, luego en 1766 marinos ingleses levantaron un fuerte en un lugar que llamaron «Port Egmont», en una isla situada al oeste de la Gran Malvina. España de quién Argentina era colonia, protestó. Como no obtuvo una respuesta aceptable, buscó el establecimiento intruso y cuando dio con él, en 1770, expulsó por la fuerza a sus ocupantes. Con motivo de esta acción se estuvo a punto de ir a la guerra, la cual fue evitada con un acuerdo bilateral firmado en 1771. Este acuerdo constaba de una Declaración por la que España restituía a los británicos «Port Egmont» para salvar el honor del Rey británico.

En el año 1811 la guarnición militar de Puerto Soledad fue requerida desde Montevideo para la defensa de la monarquía con motivo de la recién desatada Guerra de la Independencia. En el marco de este conflicto, los primeros gobiernos patrios de las Provincias Unidas tuvieron en cuenta en diversos actos administrativos a las Malvinas, a las que consideraron parte integrante de su territorio, heredado de España por sucesión de Estados.

En 1820 la Marina tomó posesión de las Islas Malvinas en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ello fue efectuado en un acto público en Puerto Soledad al que asistieron loberos y balleneros de varias nacionalidades, entre ellos estadounidenses y británicos, que recalaban en las islas en el desarrollo de sus faenas.

Durante la década de 1820 los gobiernos argentinos realizaron diversos actos demostrativos de su soberanía sobre las Islas Malvinas, incluyendo la designación de gobernadores, la legislación sobre recursos pesqueros y el otorgamiento de concesiones territoriales. En este marco se fue desarrollando Puerto Soledad, cuyos habitantes se ocupaban de la cría de ganado, la caza de lobos marinos y la prestación de servicios a los buques que tocaban puerto.

El 10 de junio de 1829 el gobierno argentino promulgó un decreto creando la Comandancia Política y Militar de las Malvinas. Después de haber mantenido silencio por más de medio siglo en el curso del cual se habían sucedido sin oposición administraciones españolas y argentinas en las islas Malvinas, en noviembre de 1829 el Reino Unido protestó dicho decreto, en el marco de un renacimiento de su interés estratégico en el Atlántico Sur.

El 3 de enero de 1833 se presentó una corbeta de la Marina Real británica que, apoyada por otro buque de guerra que se encontraba en las cercanías, amenazó con el uso de fuerza superior y exigió la rendición y entrega de la plaza. Tras la expulsión de las autoridades argentinas, el comandante de la nave británica dejó a uno de los pobladores de Puerto Soledad a cargo del pabellón y zarpó de regreso a su base. En 1834 el gobierno inglés asignaría a un oficial de la Armada para que permaneciera en las islas y recién en 1841 tomaría la decisión de «colonizar» las Malvinas, nombrando un «gobernador». El 22 de enero, el Ministro de Relaciones Exteriores presentó una protesta ante el funcionario británico, que fue renovada y ampliada en reiteradas oportunidades por el representante argentino en Londres. Las presentaciones argentinas tuvieron indefectiblemente respuestas negativas de parte del gobierno del Reino Unido. La cuestión quedó pendiente y así lo reconoció el Secretario de Asuntos Extranjeros británico en 1849. Por el lado argentino continuó planteándose a distintos niveles del gobierno y fue objeto de debates en el Congreso de la Nación.

En 1884, ante la falta de respuesta a las protestas, la Argentina propuso llevar el tema a un arbitraje internacional, lo cual también fue rechazado sin dar razones por el Reino Unido.

Durante la primera mitad del siglo XX, los sucesivos gobiernos argentinos fueron generalizando la práctica de presentar protestas ante el Reino Unido y realizar las presentaciones y reservas ante los organismos multilaterales correspondientes, cada vez que tenían conocimiento de actos unilaterales británicos por los que se desconocía la soberanía argentina.

El 14 de diciembre de 1960 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 1514 “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”. Ella marcó un hito en el proceso de descolonización impulsado por las Naciones Unidas, proclamando “la necesidad de poner fin, rápida e incondicionalmente, al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones”, y consagrando los dos principios fundamentales que debían guiar el proceso de descolonización: el de libre determinación y el de integridad territorial. La resolución 1514 establece que “todo intento encaminado a quebrar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”, fijando una clara posición respecto de que allí donde estuviera en riesgo la integridad territorial de los Estados, no debe recurrirse a la aplicación de la libre determinación.

En este proceso de descolonización, y en aplicación de la citada resolución 1514, el 16 de diciembre de 1965 la Asamblea General adoptó la resolución 2065 –la primera referida exclusivamente a la Cuestión Malvinas-, a través de la cual reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a negociar para encontrar una solución pacífica a la controversia.

Finalmente, como todos sabemos, el General Leopoldo Fortunato Galtieri al ver que su gobierno dictatorial perdía legitimidad a gran velocidad, en un acto de completa irresponsabilidad, envió tropas con pocos pertrechos y entrenamiento  a recuperar las Islas Malvinas, lo que produjo la inmediata represalia del gobierno de la (mal) recordada “dama de hierro” Margaret Thatcher. La luctuosa guerra puso fin a la histórica tradición pacífica de nuestro país y dejó sin efecto los intentos de diálogo previos.

Puerto Argentino hoy.

 

Presente y Futuro

Como sabemos la vida y la historia no están escritas en piedra, y pueden modificarse. Los enclaves coloniales en gran su mayoría han ido desapareciendo a medida que la imposición de la ley del más fuerte declina y el derecho internacional prevalece. Tenemos ejemplos cercanos como el Canal de Panamá que fue restituido por el ocupante estadounidense y hoy funciona perfectamente bajo un empresa estatal panameña (dato que sirve para disipar los discursos que afirman que la soberanía sobre las Islas sería antieconómica), así como Hong Kong se independizó de Gran Bretaña y, más recientemente, la isla caribeña de Barbados se liberó del yugo colonial también del Reino Unido. Sin embargo, no podemos dejar de ver cómo lugares estratégicos, como el peñón de Gibraltar, sigue ocupado, quizás por su valor para el comercio internacional y el tránsito de personas hacia Europa.  Por lo expuesto observamos que, así como los intereses coloniales persisten, y las formas de relacionarse entre los países varía los reclamos soberanos deben ser insistentes, pacientes y metódicos.

El expansionismo sigue existiendo e incluso algunos países lo ejecutan de manera cruel sin sonrojarse, sin embargo cada día son más repudiadas por la comunidad internacional sus intervenciones. También existe la posibilidad de tejer alianzas regionales, de escala hemisférica, o interoceánica que incluyan acuerdos comerciales y alianzas políticas a largo plazo, lo cual como en este caso dado el reiterado rechazo británico al diálogo, sería deseable de modo de aislar a las naciones colonialistas que perviven.  Una especie de alianza internacionalista que condene estas acciones por fuera de los organismos internacionales y sume voces de repudio.

Como vemos la restitución de las Islas Malvinas no es fácil pero la diplomacia y las relaciones globalizadas entre los países parecieran estar a nuestro favor. Luego de la pésima diplomacia del gobierno anterior en este asunto, los representantes actuales del gobierno nacional continúan el rumbo soberano  y apuntan a realizarlo sin divisiones, porque la causa amerita ese esfuerzo de unidad nacional.

La ocupación de Malvinas implica no sólo un peligro ambiental, ya que se realizan exploraciones petrolíferas (sin la necesaria plataforma continental) así como pesqueras y, lo más inquietante para un pueblo pacífico como el nuestro,  pese a que nadie está dispuesto a confirmarlo existen fuertes presunciones de que en la base militar de la OTAN hay dispuestos submarinos nucleares de gran poder destructivo, que le asegura el dominio marítimo al Reino Unido de gran parte de la plataforma submarina del Mar Argentino y del ingreso a la Antártida, que representa un tercio del territorio nacional.

El príncipe de la corona británica, William, vestido de fajina militar en las Islas Malvinas.

El perenne reclamo por Malvinas desafía a nuestros dirigentes y a nuestro pueblo, que siente la profunda injusticia que representa ese pedazo de nuestra patria que nos es negado por las relaciones de fuerza que impuso la geopolítica de antaño y aún no hemos podido solucionar pese a que las condiciones mundiales han cambiado.  Malvinas es una causa nacional, un asunto pendiente para todos y todas. Pero también debemos hacerla una causa regional y mundial, tal que despabile a la comunidad internacional para que haya justicia y nunca más se repitan y/o naturalicen las ocupaciones por la fuerza en ninguna parte del mundo.

Este lanzamiento de una agenda concreta nos impulsa a no cejar en el reclamo y exigir la restitución. El derecho y las resoluciones de la ONU nos amparan y nos recuerdan que se trata de una causa justa. Los países del mundo no podrán seguir mirando hacia otro lado si nosotros somos consecuentes en el tiempo y podemos sostener este reclamo irrenunciable y taxativamente establecido por nuestra Constitución Nacional por todas las vías diplomáticas; y somos capaces, tanto desde las instituciones educativas como a nivel familiar y social, de pasarles este imperativo nacional a las generaciones futuras.