Se escucha reiteradamente decir que en estos momentos tan críticos surge en la sociedad lo mejor y lo peor en cada uno de nosotros.

En realidad siempre, frente a situaciones no previstas, está esa posibilidad de enfrentarse a lo mejor o lo peor, según sea el estímulo que lo dispara.

Contando con ello, es decir, no pudiendo evitarlo, cómo puedo abordar eso que me aparece, para mejorarme humanamente: para ser mejor persona, para ser feliz…

Si lo que me surge es lo mejor, seguramente podré identificar eso “mejor” con alguna de mis virtudes aflorando en momentos difíciles. Valorar este aspecto y proponerme fortalecerlo me puede ayudar a mejorarme humanamente.

Si aflora lo peor, eso que no me gusta pero “me sucede” -mezquindades, resentimientos, deseos de venganza- será interesante reconocerlos, y acto seguido buscar entre mis mejores virtudes aquellas en las que pueda apoyarme para acometer la tarea de superar eso «malo» que hay en mí.

En estos tiempos de crisis, cultivar el amor y la compasión será buena cosa para uno y para los demás, disponiéndonos más que a evitar algo malo (contagio), a impulsar algo bueno: la solidaridad.

En momentos en que todos necesitamos ayuda, quisiera compartir una reflexión que contribuya a encontrar la mejor actitud:

“Si eres indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás, toda ayuda que pidas no encontrará justificación. Si no eres indiferente al dolor y sufrimiento de los demás, debes hacer que coincida lo que sientes con lo que pienses y hagas para ayudar a otros”.  (Del libro El Mensaje de Silo)

Tiempos de reflexión, una oportunidad para ser mejores…