El Director Nacional de la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado, Guido Croxatto, conversó acerca del rol del organismo y las causas de la mala formación de la abogacía pública. «La tarea que nos proponemos hacer desde la escuela es pensar. En el Derecho no se enseña a pensar. Queremos abogados que sean capaces de discutir con argumentos y defender sus posiciones. En el caso de la abogacía pública, para que hagan mejor su trabajo, que es defender los intereses de la Nación», sostuvo.

La Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado (ECAE) es el espacio pedagógico donde confluyen los distintos servicios jurídicos del Poder Ejecutivo para capacitarse y perfeccionar sus herramientas en pos de articular una mejor defensa del Estado Nacional.

Su titular, Guido Croxatto, explicó que «se capacita a los abogados que trabajan en el Estado, en las dependencias jurídicas de cada ministerio nacional», que llevan adelante tareas «con el objetivo de defender los intereses» de la Nación. «Perfeccionamos a los abogados que ya están trabajando en el Estado, para que puedan desarrollar mejor su trabajo actualizando las herramientas, conocimientos y doctrinas que tienen», detalló.

Croxatto afirmó que «hubo un abandono por parte del Estado en la defensa de los intereses de la Nación, que hoy se está revirtiendo». Señaló que «la renegociación de la deuda es un paso en la defensa de soberanía, pero hay un largo camino. Por eso hablamos de federalizar la escuela. Pero además insistimos en que tenemos que desarrollar, producto de ese federalismo, un nuevo pensamiento jurídico, para que no tropecemos siempre con el mismo error. Es increíble que nuevamente estemos reestructurando una deuda de legitimidad discutible», remarcó.

«La tarea que nos proponemos hacer desde la escuela es pensar. En el Derecho no se enseña a pensar, en la Facultad de Derecho, materias como Historia Institucional, Filosofía del Derecho, Teoría del Estado, son disciplinas olvidadas, y eso no es un accidente».

«Esa falta de pensamiento después se paga. Nosotros queremos contrarrestar ese proceso de decadencia, queremos que los abogados piensen lo que quieran, pero que piensen, para que sean capaces de discutir con argumentos y defender sus posiciones. En el caso de la abogacía pública, para que hagan mejor su trabajo, que es defender los intereses de la Nación», subrayó.

«La abogacía privada es muy distinta que la pública, abogados con una mentalidad corporativa no funcionan en la defensa del Estado. Porque el Estado no se gestiona como una empresa. Los intereses del Estado no se gestionan, se defienden. Pero esa defensa tiene que tener herramientas propias útiles y precisas. Muchas veces el abogado no las tiene porque no se lo enseñaron», aseguró.

«Eso es parte de un desarme del Estado y la abogacía pública, y eso no es un accidente político sino que es deliberado y está pensado para desorganizar y desmadrar la defensa del Estado. Si lo articulamos, con los años vamos a lograr un Estado que se pueda defender mejor», concluyó.

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