Los pueblos del mundo despiden a Diego Armando Maradona, quien dejó este planeta este miércoles, a los 60 años. El mejor jugador de la historia, el Ídolo, el Dios humano falleció el mismo día en que murió Fidel Castro pero cuatro años después.

Argentina está de luto y quienes hacemos Infosiberia y Radio Caput lo homenajeamos con esta ilustración de Luis Schinca. Hasta siempre Diego.

Ilustración: Luis Schninca.

 

Por Edgardo Mocca

Diego querido. Los recuerdos más antiguos de quien te habla son de una pelota de goma «Pulpo». De un sueño de jugar al fútbol del amor por una camiseta roja, la misma que vos amabas de niño. Muchos millones de pibes soñamos con jugar en primera. Con ser famosos y queridos. Vos nos enseñaste que la fama no es lo más importante. Que lo más importante es el arte. Es el amor que puede surgir en el juego. Es la lealtad con esa amiga de la infancia, con la pelota. No te detuviste frente a la fama, frente al poder. Nunca entregaste tu dignidad. Pusiste siempre el pecho por los más débiles. Defendiste los derechos de los futbolistas, que es un modo de defender los derecho del pueblo. La corrección nunca fue tu fuerte, en la huella gloriosa de Hebe, de las Madres y de las Abuelas. Fuiste una referencia cultural de los argentinos y argentinas. Tu arte fue un impulso para tu pueblo. Nunca olvidaste tu infancia y tus dolores de pibe pobre de un barrio pobre. Paseaste por el mundo el talento de tu pueblo. Escupiste en la cara a los burócratas que mercan con la sangre de los artistas. De la pelota y de todas las artes que en el mundo son. Nos llenaste de orgullo. En la victoria y también en el dolor. Sobre todo fuiste un cultor de la belleza. Tus amagues, tus fintas, tus fantasías con tu amante eterna, la pelota, llenaron de poética alegría los corazones de miles de millones de seres humanos. En tu cuerpo sufriste el dolor y la frustración. Siempre saliste entero y digno de todas las pruebas que la vida propone a los grandes como vos.
Quiero agradecerte Diego. Personal y sinceramente. Por todo lo que me enseñaste. Por todo lo que disfruté viendo tu arte en las canchas. Y por toda la garra con la que defendiste las causas de los débiles y de los despojados. Ese chico que fui hace mucho jugando en el patio de Haedo con la pelota pulpo te da las gracias por tanto disfrute y por tantas enseñanzas. No fui futbolista como soñaba, pero siento que viví tus hazañas como si fueran mías, cosas del amor entre los seres humanos. Descansá en paz Dieguito. Un pueblo, el argentino, y una comunidad, mundial, te agradecen por el arte que generosamente nos has entregado.