Editorial de la licenciada en psicología, militante por los Derechos Humanos y comunicadora de Radio Caput en su programa «Ahora y Siempre», que se emite los miércoles a las 18 hs.

¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?»

Esta frase -que se hizo famosa al ser pronunciada por Cicerón, delante del Senado romano el 8 de noviembre del año 63 a. C., al dar a conocer la conjura que preparaba el mentado Lucio Catilina para hacerse con el poder absoluto-, podría ser repetida una y otra vez frente a varios emergentes de la vida política actual.

Podríamos interpelar así a quienes, en medio de una sublevación de la fuerza a su cargo y de la desaparición seguida de muerte de Facundo Astudillo Castro se dedican a manchar el buen nombre y honor del mayor capital ético y de dignidad que tiene este pueblo, el movimiento de Derechos Humanos.

Pero la respuesta a esas bravuconadas están inscriptas desde mucho antes de que tengan su expresión: en el capital simbólico indestructible que implica en esta sociedad la tríada Memoria, Verdad y Justicia.

Podríamos interpelar así a los abogados defensores en los juicios por delitos de lesa humanidad, que parodian lo peor de las acciones de sus defendidos burlándose de la solución final mediante la cual pretendían desaparecer para siempre a los desaparecidos. Pero frente a lo más inhumano de lo humano, esa misma lucha por Memoria, Verdad y Justicia construyó este último reclamo como lo NO negociable, lo que marcó un pacto civilizatorio para nuestra época, como respuesta ética.

Por eso tal vez la respuesta más contundente que reafirma el Nunca Más sea la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad y genocidio que siguen teniendo lugar hasta hoy, incluso en formato virtual.

Podríamos interpelar así, del mismo modo, a los anticuarentena, a la derecha vernácula y a los periodistas orgánicos del establishment, que en contra de toda lógica racional propician desvergonzadamente el descuido de la vida, en su obsesiva campaña de desgaste del gobierno.

Pero la experiencia mundial contra el flagelo de la pandemia, las disposiciones de los organismos competentes respecto de las medidas para enfrentar el virus y las propias disposiciones locales en pos de la defensa de la vida, constituyen una respuesta irrefutable.

Lo que sí se impone en la repetición del comienzo de la Primera Catilinaria, ante una y otra de las expresiones del neofascismo que trabaja para divulgar e imponer su ideología en el mundo, es construir respuestas que abonen al diseño de estrategias eficaces en la batalla cultural. Es ése el desafío de la hora. Y por eso hoy la lucha por los Derechos Humanos es el hilo conductor de todos los justos reclamos que pretenden hacer de la existencia cotidiana de la gente, una vida digna.

Los dichos de estos gurkas de la palabra y el gatillo fácil, no son ajenos a esa batalla y tienen su consecuencia. Por eso agregamos parafraseando a Cicerón, los siguientes mismos interrogantes que él formula: “acaso nada te ha inquietado (…), nada el temor del pueblo, nada la concurrencia de todos los hombres de bien”. Y esos hombres y mujeres de bien se referencian en la nobleza de las causas justas que sostienen su compromiso con la vida.

Pasó en Caput #AhoraySiempre