1. La dictadura utilizó el terror y la violencia como una maquinaria militar y cultural: desde entonces, “lo desaparecido” representó lo intermitente. Con esa palabra, la dictadura produjo un agujero en el discurso: nombró lo que no está ni deja de estar. Lo espectral como una existencia en suspenso.
2. Más recientemente, algunos sectores de Juntos por el Cambio diseminaron otra forma de violencia: el odio a un sector de la política – heredero de esa cultura militante – que, para ellos, debería estar ya completamente desaparecido. En este caso, el odio es una forma de impotencia: se indignan con lo que continúa estando pero ya no debería estar. La cultura de la eficiencia revelada contra su propia ineficiencia histórica.
3. Ese odio expresa una falla en el lenguaje: lo que les gustaría decir – que ese sector que no ha desaparecido debería desaparecer – ha quedado situado del lado de lo impronunciable. Juntos por el Cambio es la combinación imposible entre neoliberalismo y democracia y, esa apuesta discursiva, les impide volver a proponer la “solución final” de las desapariciones.
4. Pero lo que no puede estar en el lenguaje permanece como desborde emocional: alrededor de esas palabras indecibles se estructura una modalidad violenta de relación con esos otros a los que, secretamente, creen necesario excluir de la vida democrática.
5. Es decir: la palabra “desaparición” ha desaparecido del lenguaje de la oposición, pero, alrededor de su ausencia, se desarrolla un modo extremo de emocionalidad caracterizada por una violencia sin discurso contra un sujeto al que les gustaría erradicar, pero se lo impide su propia configuración discursiva.
6. Ello genera una modalidad específica de discurso: el que administra lo impronunciable – su propia necesidad de exterminio de un otro – canalizando la violencia a través de unas pocas palabras repetidas al infinito. Por eso, Juntos por el Cambio oscila entre su secreta vocación represiva y su uso marginal del lenguaje: un sujeto y un verbo utilizados de modo continuo.
7. ¿Cuál es esa síntesis discursiva? “El kirchnerismo diseña las políticas y el kirchnerismo se beneficia con ellas”. Esta identidad política es, de este modo, una maquinaria de poder en continuo avance que solo acumula beneficios para sí misma. La lógica informativa alcanza su máximo grado de simplificación: un solo sujeto que se repite y una única acción. Sólo dos palabras: kirchnerismo y beneficio. Y una proposición aplicable a todos los casos: el kirchnerismo beneficia al kirchnerismo. Por ejemplo: Reforma Judicial: política kirchnerista para beneficiar a la vicepresidenta kirchnerista. Moratoria impositiva y previsional: política kirchnerista para beneficiar a un kirchnerista, Cristóbal López.
8. Esa proposición – el kirchnerismo interviene todo el tiempo favoreciendo al kirchnerismo – produce un modelo de cobertura periodística: si esta identidad política está en todas partes, entonces esa cobertura consiste en descubrir en cada tema dónde está y, luego, en qué se beneficia con la política que propone.
9. De ese modo, las denuncias por corrupción e impunidad se transforman en el mecanismo global de edición en estos medios: la investigación periodística pasa de ser un género a un mecanismo simplificado de edición. Se trata de investigar donde están los kirchneristas y, luego, en qué aspectos sus políticas los benefician. Este modelo general de cobertura actúa como el organizador global del discurso opositor y de la generación y canalización de los discursos del odio. El macrismo es un actor de la democracia con prácticas que debilitan la democracia.