La humanidad está viviendo momentos difíciles. La disputa por el gobierno del mundo adquiere cada vez ribetes más inescrupulosos. Son momentos de degradación de la verdad, se degrada la verdad, en tanto criterio lógico, y se degrada la verdad como causa. Si tomamos el diálogo entre la filosofía y el psicoanálisis para pensar la relación con la verdad, podemos situar una distancia ineliminable entre la palabra y la cosa, entre el pensamiento y el objeto, entre el hecho y su relato. Pero esta verdad que puede hacer lugar al sujeto, esta verdad que puede alojar la diferencia, que puede hacer lugar al parlêtre de lalengua -neologismo utilizado por Lacan para connotar lo propio singular del ser parlante-, es la verdad malograda en estos tiempos en que su pérdida y la pérdida de la ética van de la mano.

Se trata del pasaje del semblante –en línea con lo que venimos diciendo- al simulacro como forma de totalización de la verdad. Si pensamos la verdad como un proceso en el que se va construyendo y verificando lo construido en una relación dialéctica entre praxis y postulados teóricos, la pandemia y la cuarentena establecida en defensa y preservación de la vida ponen de manifiesto cuál es el campo de quienes tienen una relación ética con lo verdadero.

En el otro campo se sitúa el simulacro, como expresión del libreto en el que el poder se sustenta para legitimar su voracidad de ganancia sin límite. No les importa la vida, ni la libertad ni ninguno de los valores que dicen tutelar, enarbolan banderas vacuas alrededor de las cuales flamean oscuros buitres que están, como la repetición de la historia lo demuestra, siempre al acecho.

Los tiempos de pandemia (y pospandemia) –y su remedio más eficaz, la cuarentena-, renuevan antiguas disputas. En un mundo marcado por el consumo y el reinado de la mercancía como apuesta necesaria del neoliberalismo, la pandemia vino a poner al desnudo la fragilidad del estatuto de la verdad en su faceta de mentiras verdaderas.

Frente al bastardeo, y a la verdad parodiada de quienes intentan socavar el cuidado de la vida, el acceso a derechos y la aspiración a sociedades más justas e inclusivas, y que tienen como carne de cañón y tropa desmembrada al heterogéneo llamado grupo anticuarentena -algunos hablando en lenguaje fake news y otros hablados por ellos- se tratará de trabajar en la construcción de verdades que, en sus “inconsistencias”, alojen la posibilidad de un saber plural como horizonte emancipatorio.

Ahora y siempre