1. El mundo de los servicios de inteligencia es un mundo de identidades en suspenso. El Estado otorga nombres a través de dos dependencias: los Registros Civiles, que adjudican identidades “reales”; y las oficinas de inteligencia que proporcionan identidades ficticias.

2. En la reciente Argentina de Juntos por el Cambio esos nombres artificiales se transformaron, según los testimonios, en activos protagonistas de la política junto a una trama compleja de jueces, periodistas y políticos que alimentan una cadena de montaje de hechos falsificados. Hay una falsedad de origen – las identidades artificiales de los espías – y, junto a ella, una maquinaria extorsiva al servicio de una falsificación global de la vida política de los países.

3. Los espías tienen nombre falsos y a los espiados les ponían sobrenombres. Es decir: de uno y otro lado, del mundo de los espías y del mundo de los espiados, había ocultamientos clandestinidad e identidades falseadas. Es falso el nombre del espía y es falso el nombre del espiado.

4. La falsedad es una matriz generalizada.

5. Los sobrenombres remiten a un estilo que expresa obsesiones o prejuicios de ese mundo de los servicios: “Ramona”, para la diputada Graciela Camaño; “Durazno”, para su esposo Luis Barrionuevo; “Anaconda” para el periodista Hugo Alconada Mon.

6. ¿Cómo producen ese relato falsificado? A bordo de una moto, que manejaba un agente apodado «Jony», filmaban los movimientos de los autos de Cristina Kirchner, Emilio Monzó y Nicolás Massot. Otro espía, Emiliano Matta, a punto de sacar una foto del palier del edificio donde vive Santilli, se encuentra con él y, entonces, opta por saludarlo y le pide sacarse unas fotos juntos. Luego Matta le da su teléfono y el PRO lo invita a una reunión, en la que el espía sigue sacando fotos.

7. Es decir: la banda, según los testimonios, era una especie de productora audiovisual clandestina que fotografiaba, filmaba y grababa a dirigentes políticos opositores u oficialistas sospechosos. Hacían producción televisiva: filmaban en motos, levantaban imágenes de las cámaras de seguridad, editaban y todo ello terminaba en programas de TV como el de Luis Majul. «Eso tiene que estar para el domingo. Poné más gente a trabajar», le dice en uno de chats Alan Ruiz a uno de los agentes.

8. El espacio político que más insiste en privatizar lo público, es decir, en expandir la propiedad privada, monta una enorme red de espionaje para interferir y suprimir la privacidad de la dirigencia opositora.

9. El modelo macrista supone ampliación de lo privado y eliminación de la privacidad.

10. Nunca Más.