A 124 años de la fundación del Partido Socialista argentino, el exsecretario de Relaciones Parlamentarias, Oscar González, analizó su historia e hizo hincapié en la convergencia con el movimiento peronista. «No hay un corte entre las políticas del Partido Socialista y el peronismo, hay una integración», afirmó.

Oscar González participó del programa Rojo y a la Izquierda, donde observó algunos hitos de la historia del Partido Socialista en nuestro país, particularmente en el vínculo con el movimiento peronista.

“El gran parteaguas -del socialismo- fue el peronismo», sostuvo. «Fue muy difícil para el Partido Socialista, que venía de una tradición liberal democrática, en términos políticos e incluso históricos, admitir la aparición de un General que se lo veía populista, además de verlo encarnar la reivindicación de los sectores obreros, que tradicionalmente -consideraba- era su propio patrimonio político».

«Esa interpretación -vista desde ahora, equivocada-, no permitió que el socialismo se incorporara de manera masiva al movimiento que encabezó el entonces coronel Perón, que transformó y democratizó la sociedad argentina vía la integración de miles y miles de obreros. Ahí quedó encallado el Partido Socialista, institucionalmente hablando. Aliado con los otros partidos que habían sido el motivo por el cual se constituyó el Partido Socialista», aseguró.

«El Partido Socialista se constituye para combatir al Partido Conservador y al Partido Radical, y termina aliado a ellos y al Partido Comunista, del cual se había separado en 1919/20. Porque la historia tiene muchas paradojas», señaló.

«No obstante, algo que usualmente no se dice es que hubo un sector del Partido Socialista que sí se sumó al movimiento transformador de las relaciones de trabajo y democratizador de la sociedad que encarnó el peronismo en aquella época. A tal punto que los tres principales ministros del primer gobierno de Perón eran socialistas: el del Interior, el canciller y el ministro de Trabajo», detalló.

«Finalmente, la cuestión del peronismo siguió fragmentando la opinión del socialismo y en el año ’58, ya después de la caída del peronismo, promovió la gran división entre el Partido Socialista Argentino y el Partido Socialista Democrático. El primero, cuyas figuras principales eran Alfredo Palacios, Alicia Moreau de Justo y Carlos Sánchez Viamonte expresaba un intento -quizás no fue exitoso- de comprensión del fenómeno peronista, y el segundo, con Américo Ghioldi, Juan Antonio Solari y Nicolás Repetto permaneció en la postura ortodoxa antiperonista».

“No hubo ningún gobierno que se haya enfrentado tanto a la Iglesia como el segundo mandato de Perón. Prácticamente la Iglesia, aliada con otros sectores de lo que hoy llamamos el gorilismo se alzó contra su gobierno. No hay un corte entre las políticas del Partido Socialista y el peronismo; hay una mixtura, una integración”, analizó el exsecretario de Relaciones Parlamentarias.

González se refirió al éxito del movimiento peronista: “se debe a que supo tomar la tradición socialista, la anarquista y sobre todo la sindicalista revolucionaria. Logró absorber y construir un movimiento amplio”, resaltó.

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