Hace ya bastante se viene denunciando la situación de desamparo en la que se encuentran quienes habitan los barrios más carenciados de la Ciudad de Buenos Aires; la situación de riesgo y vulnerabilidad y la imposibilidad de cumplir con los recaudos e indicaciones que frente a la pandemia que acecha al mundo entero, se recomiendan para preservar la vida. Hace tiempo que los vecinos de esos barrios vienen pidiendo a gritos que el gobierno de la ciudad se haga cargo de garantizar los medios necesarios para la protección y cuidado de los vecinos.

Y tuvo que pasar. Al final se murió Ramona. Ella misma hace unos días hacía un llamado desesperado en un video que recorrió las redes. La propia Ramona responsabilizaba allí al gobierno de la Ciudad frente a la situación de desamparo para enfrentar la pandemia. «No se puede vivir más en estas condiciones, hay un virus, una pandemia que nos está consumiendo todos los días y quiero pedirle al gobierno solución para esta situación porque no se puede vivir más así», denunciaba allí, al tiempo que hablaba del terror, el miedo y la desesperación de contagiarse el virus. «Nos están diciendo todo el tiempo que nos lavemos las manos y cómo hacemos si no tenemos agua», decía la vecina, referente del barrio Carlos Mugica, que fue alcanzada por la tragedia al igual que otros vecinos y familiares que también fueron infectados.

Hoy los barrios más humildes que albergan a los excluidos del sistema, a los expulsados de derechos, son una bomba de tiempo. No habría que haber llegado a la muerte de Ramona. Fue la crónica de una muerte anunciada. Hoy se exige la emergencia sanitaria, habitacional y alimenticia. Barrios olvidados de toda humanidad, de toda inclusión, aquellos de los que el sistema se depura. Las Ramonas y los Ramones que no son noticia, o lo son, tarde y mal, para volver a dejar de serlo.

Lo venimos diciendo. Lo que se pone sobre el tapete frente a este flagelo que ataca a la humanidad, lo que se pone de manifiesto es la incapacidad del sistema y el fracaso del neoliberalismo ante la profunda inequidad que genera, que pone a los más necesitados en un estado de indefensión ofensivo para la condición humana.

Mientras tanto, muchos sectores trabajan, por el contrario, para profundizar modelos solidarios e inclusivos, que tengan como norte y columna vertebral los derechos humanos, a sabiendas de que la lucha de los pueblos en la inscripción de políticas públicas inclusivas es la práctica y la brújula en la construcción de sociedades más justas. Nosotros y nosotras tenemos ese horizonte orientados por la elección de vida de nuestros seres queridos, esa generación honrosa que fundó aquella gesta emancipatoria que habría de marcar profundamente nuestra historia.