El investigador y docente del área de Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Martín Mangas, valoró la iniciativa del impuesto a las grandes riquezas por su «efecto simbólico» y consideró que “es el momento de discutir la matriz tributaria argentina”.

El investigador Martín Mangas ponderó el proyecto de impuesto a las grandes fortunas, ya que «va a ser un avance, va a estar bien y tiene un efecto simbólico», aunque consideró que «en definitiva difícilmente la recaudación alcance para mucho más que para financiar algunos de los gastos de esta emergencia». Aseguró que “es el momento de discutir otras cosas más con respecto a la matriz tributaria argentina”.

Mangas sostuvo que “el tema de la presión fiscal o la elevadísima presión tributaria que tiene la Argentina efectivamente es un mito. Argentina tiene actualmente una presión fiscal de unos 26 puntos del PBI, y los países más desarrollados, no solo los escandinavos, sino Francia, por ejemplo, rozan los 40 puntos de su PBI”.

“Argentina tiene una presión fiscal un poco menor incluso a la de Brasil, que se ubica en torno a los 30 puntos de su PBI desde hace por lo menos 40 años. En nuestro país el máximo llegó a ser de 31 puntos en el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. En los años de Macri se redujo, por la baja de los impuestos a las ganancias y a los bienes personales”, explicó el investigador y docente de la Universidad de General Sarmiento.

Mangas afirmó que más que el valor de la presión tributaria, “lo importante es saber si es acorde al tamaño del desarrollo, y Argentina es un país de desarrollo intermedio. El tamaño del PBI antes de la pandemia, ubicaba a la Argentina en el lugar 21 ó 22 de las economías más grandes del mundo. Y cuando uno mira los países que están antes se da cuenta que la presión fiscal de esos países es igual a la de la Argentina o incluso más alta”.

“Ni en términos absolutos, ni en términos relativos Argentina tiene la presión fiscal más alta del mundo”, recalcó.

Mangas explicó que “en nuestro país el impuesto que grava las ganancias, las rentas, es precisamente el ‘impuesto a las ganancias’. Y de la recaudación, el 60 por ciento lo aportan las empresas y el 40 por ciento lo aportan los trabajadores, los autónomos y los cuentapropistas. Porque hay un mecanismo que es la famosa cuarta categoría del impuesto a las ganancias, que se gravan la rentas del trabajo personal. El impuesto a las ganancias representa en términos del PBI 5 puntos. Entonces nos da que las empresas aportan 3 puntos del PBI”, detalló.

Al referirse a la iniciativa que prevé gravar las grandes fortunas, el docente comenzó por explicar que «impuestos a la riqueza, no hay uno solo. Está el impuesto a los bienes personales, que es nacional, están los provinciales inmobiliarios y los impuestos a las patentes automotores o de embarcaciones. En el 2019 la suma de estos impuestos patrimoniales fue de 0,83 del PBI. Ese valor es el más bajo de los últimos 26 años, y es un 25 por ciento menos que el del momento en que Cristina Fernández de Kirchner dejó el gobierno. Es un valor que pone a la Argentina en un piso de imposición patrimonial en América Latina, en la que hasta hace 25 años tenía la más alta”.

“Los impuestos inmobiliarios provinciales son muy bajos. Por ejemplo: un campo de 100 hectáreas en Pergamino, la zona núcleo de la Pampa húmeda tiene un valor fiscal y tributa como un vehículo del año 2017”.

Respecto al impuesto a la riqueza propiamente dicho, en función del proyecto próximo a tratarse en el Congreso, Mangas sostuvo que «en Argentina la imposición patrimonial es muy baja, producto no sólo de los últimos años del macrismo. Y no es el único lugar en el mundo donde se está discutiendo la necesidad de un impuesto a las grandes fortunas para afrontar parte de los costos de la pandemia. Hay iniciativas similares en España, Italia, Reino Unido, Suiza, Rusia, Brasil, Perú, Bolivia y Chile. En Argentina la particularidad que tiene el tema es que el que presenta la iniciativa es el partido de gobierno. Y esto se da también en Rusia y en España. En todos los otros países mencionados los que hacen esta propuesta o discuten estos temas son las fuerzas opositoras o fuerzas que tienen escasa representación parlamentaria, por lo que podemos suponer que la iniciativa no va a llegar muy lejos”.

Consideró que “hasta ahora es solo una propuesta. Sabemos muy poco. Sería un impuesto especial, por única vez, a los patrimonios más abultados, alcanzaría un pequeño número de contribuyentes. Pero no tenemos más detalles del proyecto de ley. Como referencia, podemos decir que en las estadísticas tributarias de la AFIP, el último dato disponible del impuesto a los bienes personales da cuenta en el año 2018 que solo 6.197 contribuyentes, personas físicas, declararon bienes por más de 30 millones de pesos –en ese momento, unos 750 mil dólares-. Y cada una de ellas en promedio pagó en impuestos 1 millón de pesos. Es decir que en Argentina los más ricos son 6.197 personas – o eran en el 2018-, y tenían patrimonios superiores a los 30 millones de pesos, 750 mil dólares. Es evidente que en Argentina el impuesto a los bienes personales es un impuesto que grava mal la riqueza. La riqueza está mal valuada y además está oculta en sociedades, que no pagan el impuesto a los bienes personales”.

“Si el proyecto de impuesto a las grandes fortunas que envía el Ejecutivo es más o menos lo que sabemos –por única vez, especial, a los patrimonios más abultados, a un pequeño número de contribuyentes- va a ser un avance, va a estar bien, pero en definitiva difícilmente la recaudación alcance para mucho más que para financiar algunos de los gastos de esta emergencia. Tiene un efecto simbólico”.

“Es el momento de discutir otras cosas más con respecto a la matriz tributaria”, concluyó.

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