El filósofo Ricardo Forster analizó la situación que atraviesa el mundo a partir de la pandemia de coronavirus, sus anuncios y sus consecuencias. «No podemos volver a la ‘normalidad del día anterior’ porque era una porquería, estaba atravesada por la injusticia, la desigualdad, la precarización de la vida, la flexibilización de los trabajos», sostuvo.

Ricardo Forster afirmó que “el virus ha tenido como consecuencia correr un velo, abrir una caja de Pandora», aunque reconoció que «no mostró nada que no supiéramos, porque seríamos hipócritas si dijéramos que no conocíamos la desigualdad, la pobreza, el endeudamiento, la destrucción sistemática del medioambiente, el calentamiento global, la crueldad inmensa con la que tratamos la vida animal y la transformamos en una de las industrias más prósperas para alimentar a los seres humanos”.

El filósofo y ensayista afirmó que “todos sabíamos que la crisis ya estaba ahí, que era cuestión de esperar el desenlace, pero mirábamos para el costado”. Y trazó un paralelo con situaciones vividas en nuestro país: “Dos o tres años antes del 2001, todos sabíamos que la Argentina se derrumbaba, estábamos como a la espera de algo que nunca terminaba de acontecer, y mientras tanto seguíamos nuestras vidas ‘más o menos normales’”, recordó.

“Acá sucedió algo que los economistas llaman ‘un cisne negro’, que asumió la forma de un virus también muy anunciado, porque no es cierto que nos tomó de sorpresa, que no había experiencias previas. Porque a lo largo de veinte años -para no ir más atrás- ya veníamos de momentos peligrosos, de virus, de coronavirus, con distintos nombres, todos ligados a la vida animal y a una interfaz que se produce con lo humano a partir de determinadas situaciones. El sudeste asiático, que aparentemente es el que mejor va avanzando en la resolución de la problemática pandémica, lo puede hacer porque viene de otras experiencias muy duras. Por eso el uso de los barbijos y el aislamiento social o la cuarentena”.

Forster consideró que una de las claves en la situación actual se encuentra en “poder darnos cuenta de que el virus desencadenó conversaciones, perspectivas críticas que antes estaban pero más aisladas, más contenidas, menos dispuestas a encontrar una interpelación fuerte en la experiencia cotidiana. Hoy podemos hablar de capitalismo como hace mucho tiempo que no hablábamos. Durante gran parte de las últimas décadas hablamos de ‘globalización’, de eufemismos que nos impedían discutir el capitalismo”.

“Nadie en su sano juicio hubiera imaginado que la economía-mundo prácticamente se iba a parar como una locomotora que iba a una velocidad impresionante hacia ningún lado, porque en realidad tampoco es que crecía, pero seguía funcionando, y de repente se paró”.

“Estamos aquellos que podemos pasarla razonablemente bien, porque tenemos casa lo suficientemente confortables como para que no se conviertan en una angustia cotidiana, o peor aún, en un hacinamiento que lo que hace es multiplicar el peligro y lo insoportable de estar encerrado. Sin embargo, se ha producido un cambio en nosotros, una percepción distinta del tiempo, de nuestros cuerpos, de nuestra relación con el trabajo”.

El filósofo aseguró que “lo que abre el impacto de este virus es la posibilidad de pensar el sistema, el tipo de vida que fuimos estructurando y los peligros que se abren el día después. No podemos volver a la ‘normalidad del día anterior’ porque era una porquería, estaba atravesada por la injusticia, la desigualdad, la precarización de la vida, la flexibilización de los trabajos, la destrucción de los sistemas de derecho, el desvanecimiento del Estado de bienestar, con individuos atrapados en el consumo del crédito, del endeudamiento y de la culpa después”.

Y alertó que “Si no se cuestionan los modos de producción, los modos de distribución de la riqueza, el rol del Estado, la relación individuo-colectividad”, y lo que regresa es “esa ‘normalidad’, es una tragedia”.

En relación a la situación de nuestro país, el también asesor presidencial consideró que «la pandemia muestra una decisión que es fundamental –y Alberto Fernández se puso a la cabeza de esa decisión cuando dijo ‘primero la vida y la salud sobre la economía’. Eso implica literalmente en la práctica y en el discurso una antagonización con el modelo neoliberal que hace de la economización de todas las esferas de la vida su núcleo decisivo. Para el capitalismo neoliberal nada puede quedar fuera  de la economía. Todo hay que  circunscribirlo a los intereses de la máquina de  reproducción del capital. Y Alberto Fernández dice ‘no, de ninguna manera, lo primero es poner todos los recursos disponibles -y los que no, los inventamos- para garantizar que podamos atravesar con el menor daño posible la pandemia’”, concluyó.

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