La docente y licenciada en Psicopedagogía, Sandra Martínez Filomeno, conversó con Lía Méndez, Pedro Mouratián y Fortunato Morrone en el programa Quererse libre sobre la particular situación de los docentes en el contexto de pandemia y las dificultades de la educación virtual. «Es un momento extraordinario para ver que la enseñanza tiene algo de especialización y que no cualquiera puede enseñar», afirmó.

A partir de las nuevas formas de educación, basadas en el uso de plataformas tecnológicas y comunicaciones virtuales, y el rol de la escuela en este contexto, la docente Sandra Martínez Filomeno consideró que la primera pregunta que hay que hacerse es si «hay escuela», o si hay «un tipo de educación que está comandada desde la escuela, pero que ha tomado su lugar en los hogares». Advirtió que «esto no es un dato menor porque el proceso enseñanza – aprendizaje y el proceso de socialización se da en el contexto de la escuela. Por una política de cuidado, las clases presenciales están suspendidas. Y aclaro lo de presenciales, porque para el imaginario colectivo, en su gran mayoría, parecería que no hay clases. Y esto causa un desgaste muy importante en los docentes. Muchos cuando leen los medios de comunicación masivos, que en realidad son aquellos que crean parte del imaginario colectivo, ven que la pregunta es cuándo van a empezar las clases. Y las clases empezaron hace bastante. Lamentablemente el tema de la pandemia hizo que rápidamente haya que haber pasado a este tipo de sistema”.

“Esto trae un desgaste muy grande en los alumnos, las familias y los docentes. Es un momento de incertidumbre, y también un momento extraordinario para ver esto: que la enseñanza tiene algo de especialización y que no cualquiera puede enseñar. Esto, en contrapartida a muchas cuestiones del orden de lo político, que se vieron reflejadas particularmente en el gobierno anterior, que frente a un paro docente se ha llamado a cualquiera a enseñar, como si no hubiera una especialización. Esto hace que se desconozca al docente como un profesional», afirmó Filomeno.

«Este momento entonces, si tiene algo de positivo, es la idea de empezar a ver que la enseñanza tiene un saber específico, y para ese saber específico hay que formarse”.

La docente y psicopedagoga sostuvo que “para el aprendizaje, se necesita de la copresencia, o sea la presencia de alguien que acompañe en ese proceso de enseñar. Un desafío, en un momento en el que la complicación más grande es que los docentes han sido muy generosos -como en muchas otras oportunidades, tapando baches-, en el abrir la puerta de sus hogares. Porque cuando uno se conecta por una pantalla está abriendo la puerta de su hogar, con todo lo que esto implica”.

En cuanto a la falta de medios tecnológicos señaló que «en el campo de la docencia nos han dejado bastante desamparados: que cada uno se arregle con su computadora, con su teléfono, que acceda a la plataforma que le parezca la más adecuada. Y esto genera un desgaste enorme porque no hay una organización. Y se produce un sentimiento de desazón en aquel docente que tiene el medio, pero que a lo mejor no da para lo que se requiere en este momento, más las plataformas que se caen y una serie de cosas que son sumamente complejas”.

Asimismo, remarcó que “hay datos sobre que el 65 por ciento de los docentes de la Ciudad de Buenos Aires no posee capacitación para el uso de los medios tecnológicos. Se deja librado al azar y a los recursos económicos de los propios docentes la formación en la utilización de los medios”.

Filomeno consideró además que “en los alumnos, a la hora de enfrentar el proceso de aprendizaje, también hay dificultades en el uso del medio tecnológico. Esto produce en los docentes y en los alumnos un fenómeno que se denomina tecnoestrés o tecnoansiedad. No saber si se va a poder tener el medio, si la conferencia se va a mantener, si no se va a caer el sistema, si se va a poder ingresar a la plataforma”.

Lamentó que no haya «una política de cuidado hacia el docente, que es el encargado de mantener un puente de conexión para que se produzca el aprendizaje con los alumnos». Y señaló que «el Estado tendría que visibilizar el trabajo del docente, que en este momento está invisibilizado. Y una cosa que dijo el ministro, con la que acuerdo, pero que no se está dando adecuadamente, es el bajar el excesivo mecanismo de control sobre qué se está haciendo, porque hay una representación que se tiene de que si no estás en la escuela, no estás trabajando. Esto implica que todo el mundo pide informes, estadísticas, qué se está haciendo, reuniones, más las clases”.

«A partir de esta experiencia, tenemos que ver qué aspectos facilitadores hay en este proceso de enseñanza y aprendizaje, y rescatarlos para el futuro y qué cosas no habría que hacer. Y que realmente los docentes, que somos los que estamos en la trinchera trabajando cotidianamente, podamos tener un ámbito de participación importante para decidir qué sería lo más adecuado, producto de haberlo llevado a la práctica, y con qué cosas nos quedaríamos de todo esto. Amerita un trabajo en conjunto», finalizó.

Pasó en Caput   #Quererse Libre