El documento firmado recientemente por unos cuantos exponentes de la derecha en el mundo, pone de relieve la disputa real en juego en el marco de la actual crisis y sus efectos.

La dicotomía que intentaron desde el primer momento instalar respecto de la  bolsa o la vida, como sostuvimos en reflexiones anteriores, bajo el velo de la protección de la economía, aparece ahora sin el disfraz de las buenas intenciones. Así lo confiesan.

Sin pudor, son ellos los que hablan de manipulación de la información y restricción de la libertad. Hablan de poder desmedido y suspensión del Estado de Derecho e incluso del sistema de justicia. Sí, leyeron bien. Quienes propician todo lo que supuestamente condenan firmaron eso. Sí, sí, dice: los abajo firmantes… y luego declaman. Y lo que declaman es una confesión de partes que nos releva de pruebas. Porque se manifiestan en contra del intervencionismo del Estado –aun frente al arrecio de la muerte masiva que, mediante el coronavirus que se expande por el mundo, devora todo a su paso-, y se pronuncian a favor del liberalismo y la economía del mercado. Sin rodeos. Salieron a defender, los gerentes del sistema, el futuro del reino del mercado, a sabiendas de que se está combatiendo a un enemigo mortífero y ello sólo es posible oponiéndole la vida a la enfermedad, porque están contestes de que se trata también de una disputa estratégica. Porque lo que ha venido a decirle esta pandemia al mundo, entre muchas otras cosas, es que el fracaso es el de un sistema que no sólo no preserva la vida de la gente sino que la expone al punto de vulnerarla en su misma existencia.

Y hablan ellos de falso dilema amparándose en un oxímoron “mexicano” -podríamos decir-: el Ogro filantrópico. Ambos términos se rechazan. Porque el primero se alimenta de personas, y el segundo significante alude a posiciones manifiestas humanistas. Y el reino del capital, lejos de defender la vida humana la convierte en mercancía. ¿Qué quieren decir entonces con esto? ¿El Estado o la muerte? Justamente cuando el Estado desampara a sus hijos los expone a la muerte.

El ejemplo más obsceno y descarado nos lo proporcionó recientemente el presidente de los EEUU cuando lanzó la supuesta ironía de usar como antídoto del virus la ingesta de desinfectante. Mostración de la irresponsabilidad en juego cuando el Estado queda en manos de gobiernos que exponen a la sociedad a un nivel de desamparo informativo conmovedor si atendemos la fragilidad de quien cree literalmente lo que el otro le dice.

Porque los desamparados y vulnerables del sistema son los excluidos del acceso a derechos, pero también son quienes, hablados en términos absolutos por el discurso del otro, atentan contra su propia vida, excluidos de la civilización.

Podríamos por un instante nombrar como un pantano el escenario en el que pretenden hundir a la humanidad e invitarlos a que, insisto -sólo por un instante- , prueben ellos vivir en un pantano. Pero nos abstenemos de hacerlo, considerando que hay un Ogro que constituye la excepción que confirma la regla, buscaremos otra metáfora. Schrek jamás nos lo perdonaría.

Mientras tanto, nos quedamos en casa y construimos expresiones solidarias, aislados, pero enlazados y enlazadas defendiendo la vida. Porque -y esto es lo que más les preocupa- la solidaridad implica eso: nadie se salva solo.

Ahora y Siempre.