Una infernal procesión de automóviles que se dirige hacia destinos donde no serán recibidos… un adulto solitario que trata de eludir los controles en mitad de la cola con 38° de temperatura… un joven  llegado de Holanda, que sabiendo que porta el virus igual se sube a un buquebús en Colonia, dejando como saldo 400 pasajeros en cuarentena…. Cientos de personas que montan guardias infinitas en los supermercados sin guardar la impuesta distancia de por lo menos un metro entre candidatos…. Surgen así los interrogantes: ¿somos así los argentinos? ¿esta es la responsabilidad que sentimos respecto al otro? Eso podría deducirse de todo lo señalado… pero no es tan sencillo.

La caída del muro significó un relámpago de esperanza. Finalizada la guerra fría, las grandes potencias no tendrían más excusas para declarar otros conflictos y no podrían seguir apoyando golpes de Estado que tanta sangre y desapariciones costó a nuestra Patria grande.

Pero nada fue así. El enemigo del mundo era otro y mucho más poderoso. El afán de riqueza, la economía de mercado, el poder de la acumulación de dinero reemplazó la búsqueda de una equilibrada producción de bienes para lograr el bienestar común, que tantas vidas y luchas por la conquista de derechos habían cobrado.

Y entonces fluyó el neoliberalismo y en las fábricas el ingeniero responsable de la calidad productiva fue reemplazado por el gerente de marketing. Y sin que mediara explicación alguna, poco a poco ese trascendente momento fue caracterizado como “el fin de las ideologías”, lo que derivó en una dispersión de pensamiento. Adiós a las corrientes filosóficas, a los grupos de creadores de cine o autores teatrales, y en todos los ámbitos adiós a los grandes guionistas… Adiós también a los grandes estadistas de cualquier signo político conduciendo el mundo, cuyo espacio fue poco a poco ocupado por payasos al servicio del poder financiero.

Y en tanto, el neoliberalismo iniciaba la intensa batalla contra el Estado. Y así nos encuentra  la pandemia hoy. ¿Hubiera sido posible a fines de los 80 con la Italia floreciente -donde el total de las comunas estaban gobernadas por comunistas y socialistas- que al anunciar la cuarentena en el Norte, los que tenían posibilidades económicas se mudaran en bloque al Sur? Pero fueron demasiados años de Berlusconi inoculando las cabezas del más aberrante individualismo. Proceso que nosotros iniciamos con Menen, y ahí comenzó la debacle. Y se vendieron las joyas de la corona… y el uno a uno del dólar, y el dame dos en Miami… y siguió con el desastre de la Alianza..

Pero tuvimos los 12 años y medio donde volvimos a pensar que la Patria era el otro. Sin embargo no alcanzó. Simultáneamente generaron todos los obstáculos, las persecuciones y las noticias falsas. Y el macrismo, con todo el aparato mediático a favor, y el neoliberalismo internacional en su apoyo, accedió al poder… Y cabe preguntarse entonces: Todos los que violaron la cuarentena ¿no son producto de años de destrucción del Estado, de la constante exaltación del individualismo como el camino a la felicidad? La estupidez, la ignorancia son inaceptables, pero en estos momentos, además de castigar a quienes ponen en peligro la vida de todos, es imprescindible reflexionar sobre el porqué llegaron a esto.