Decididamente fue un 24 de marzo inédito… estuvo presente en los pañuelos blancos colgados en ventanas, balcones y puertas, en las radios, la televisión, los medios gráficos, pero no alcanzó.

A la ceremonia de cada 24 le faltó el ritual: los llamados del 23 reconfirmando los lugares de encuentro para las grandes columnas de sindicatos, y las citas para los amigos. Los vendedores ambulantes, las camisetas alusivas, los distintivos, las banderas, los cantos.

Las familias con los chicos, los carritos, la bicicleta, a veces el perro. Los amigos en los bares para estar cerca de la Plaza y tener un aguante para las largas horas de verse con todos, y para de tanto en tanto acercarse al escenario para escuchar a las Madres, a las Abuelas, a los Hijos… y poder vivar las columnas, aplaudir las llegadas, y en algún momento acercarse a portar con orgullo la gran bandera del recuerdo.

En definitiva faltaron los coros para recordar al unísono fueron 30 mil, ahora y siempre… y faltaron los abrazos con los amigos para sentirnos menos solos al recordar a los que ya no están.