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A dos años de la muerte de la activista trans Lohana Berkins, Un Cuarto Propio compartió una entrevista inédita que le realizaron en 2015 Lucía García Itzigsohn y Carolina Balderrama. En una hora recorre su infancia, la familia trava, el acercamiento a la política, los deseos y frustraciones del amor. Escuchá la nota completa.

Daniela Castro, la segunda persona trans en recibir su DNI con identidad autopercibida en Argentina y la primera en la Provincia de Buenos Aires, contó cómo era su amistad con Lohana y explico de qué forma impactó su lucha en sus compañeras; destacó que la “Comandanta de las mariposas”, como la apodaron sus compañeras, no sólo estaba involucrada en la lucha por los derechos trans, también “levantó banderas que no solamente tenían que ver con su vida, sino con el común de la población”. “Es muy raro que alguien te diga que Lohana Berkins no era una buena persona”, agregó en diálogo con Siberia en Caput.

Caput: ¿Quién fue, y sobre todo quién fue para vos, Lohana Berkins?

Daniela Castro: Hay varias varias lecturas, lo personal y lo que lo personal le genera a otro. En este caso no: lo personal hace a lo político. Podría pasar horas hablando de Lohana, pero cada una de esas buenas cosas que yo podría contar: anécdotas, luchas, horas, noches enteras debatiendo cómo podíamos hacer para darle respuesta a nuestro colectivo, a nuestras compañeras. Lohana se lo transmitía a todas, no sólo a las que éramos más amigas, sino al resto de nuestra población o de la población en general, porque ella trascendió nuestra lucha: era una militante por los derechos humanos, por el feminismo; tomó luchas y levantó banderas, que no tenían que ver únicamente con ella y con su vida, sino con el común de la gente. Eso lo llevó a la gente y la conocían desde ese lugar: es muy raro que alguien te diga que Lohana Berkins no era una buena persona o que tiene alguna mancha en su currículum, o que alguna vez dejó a alguien pagando. Las cosas que no podía hacer te explicaba que no y te daba el por qué. Eso también conquistaba al otro, aunque a veces su respuesta fuera un no, hablaba desde su sinceridad.

Caput: ¿Vos fuiste una de las primeras personas en recibir el DNI que decía tu nombre: Daniela Castro?

Daniela Castro: Mi documento fue el segundo en el país y el primero en la provincia de Buenos Aires; el primer DNI a nivel nacional fue el Florencia de la V -que salió en Ciudad Autónoma de Buenos Aires-, por la presentación de los abogados de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina). Después de eso, es mi documento el que sale en segundo lugar a nivel nacional, y en la provincia el primero, con el amparo, que tenía las mismas características que en ese momento tenía el proyecto de Ley de Identidad de Género.

Caput: ¿Esto fue consecuencia de la Ley de Identidad de Género?

Daniela Castro: Esta norma fue consecuencia de estos amparos que presentaron. Eso fue una estrategia política que salió de la cabeza de Lohana, que hacía muchos años que trabajaba el tema de identidad. Se presentaron tres proyectos de Identidad de Género, de los cuales uno era del Frente de Identidad de Género (que armó Lohana con algunas compañeras referentes a nivel nacional, en el que yo estaba incluida y con otras organizaciones también), que continuó en las comisiones: de ahí sale la ley.

Caput: ¿Qué cambios concretos notaste en la vida cotidiana a partir de tener un DNI que diga tu nombre? ¿Cambiaron cosas a partir de esto?

Daniela Castro: Cuando comenzamos con el amparo, que lo presentamos y tuvo un proceso de casi cinco meses, tuvo mucha prensa, logramos charlarlo en muchos lugares de la Provincia de Buenos Aires y cada uno me preguntaba: “¿Qué va a cambiar en tu vida, si el veredicto es favorable?” Y yo contestaba: “La verdad que no mucho, yo voy a seguir militando, voy a seguir teniendo la suerte de tener un trabajo registrado, que lamentablemente no es la suerte que tienen muchas compañeras. Por ahí si van a cambiar otras cosas: la vergüenza que sentía cuando sacaba un documento que no me correspondía, que es una identidad impuesta y no autopercibida”. Y lo decía en este tono, que suena poco relevante: así lo transmitía.
El día que me informaron en el juzgado, la jueza tuvo la deferencia de decirme su fallo personalmente, me senté en su despacho y ella me comunicó ese resultado favorable: me puse a llorar. Te lo cuento y me vuelvo a emocionar. Porque ahí entendí cuántas cosas iban a cambiar en ese momento en mi vida, te diría casi todas. No tenían que ver con mi trabajo, con mi vida cotidiana, con ir al almacén, sino con la lucha de tantas compañeras que habían perdido la vida. Tenía que ver con una identidad reconocida. A partir de ese momento comenzó una nueva vida, que había sido reconocida después de tantos años, de tanta pelea, de tantos golpes, de tanta cárcel, de tanto calabozo. Sin duda ese documento, a todas las que inclusive hoy en día tienen la posibilidad de hacer el cambio registral, nos sigue cambiando la vida.

Caput: En estos últimos años, ¿considerás que culturalmente vivimos en un país más inclusivo? ¿Te parece que, desde la asunción de Cambiemos para acá, se siguió avanzando en derechos vinculados al colectivo LGTBI o notás algunos retrocesos?

Daniela Castro: Lamentablemente hemos tenido, no solamente un freno en lucha de derechos, sino que en muchas cuestiones comenzamos a tener retrocesos que ya son visibles. Sin ir más lejos, la semana pasada, se pudieron ver públicamente muchas denuncias que se estaban realizando a través de distintas organizaciones hacia el Registro Civil de las Personas de la Provincia de Buenos Aires. Hay niños y niñas que no pudieron acceder al cambio registral con la autorización de sus padres o tutores por el criterio que estaban poniendo las autoridades de la gestión actual frente a esta ley. Hay un criterio personal que trasciende la legislación nacional: ellos entienden que no pueden darle el cambio de identidad de género, porque son niños y niñas, que no están en edad de decidir, y que los padres, evidentemente, no están en sus facultades para permitir esto. Claramente esto muestra un terrible retroceso frente a estas históricas luchas ganadas, a nivel mundial. Nosotros hemos sido una referencia en Latinoamérica en cuestiones de derechos humanos, no solamente de identidad de género y diversidad, sino en todos los estamentos.
La luchadora de los derechos de las personas trans hizo referencia al genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz: “Sin ir más lejos, lo tenemos a Etchecolatz viviendo como cualquier vecino en la ciudad de Mar del Plata. Lamentablemente, yo creo que esta gestión de gobierno de Cambiemos está haciendo algo tristísimo y devastador con los derechos de las personas.

Caput: No puedo dejar de preguntarte sobre la presencia de Etchecolatz en tu ciudad, en la ciudad en la que vivís…

Daniela Castro: Terrible. La presencia de Etchecolatz en Mar del Plata marca, claramente, la impunidad que estamos viviendo desde el Poder Judicial, desde el oficialismo; más allá de que Cambiemos en todo momento pretende desprenderse de esto diciendo: “Son las autoridades, los jueces, quienes determinarán si la prisión domiciliaria es, o no, correcta”. En realidad, todos y todas sabemos que cuando el oficialismo da un visto bueno, o no, se nota; y esa línea se baja en los distintos poderes. Sin ir más lejos, hace tres días atrás, el Presidente de la Nación recibió en su despacho a un policía que mató por la espalda a un supuesto delincuente. Yo no defiendo la delincuencia, pero sí los derechos de cada uno de los seres humanos y entiendo que todos debemos tener la misma facultad y los mismos derechos para poder defendernos. Esa persona, delincuente o no, no debía morir por la espalda en manos de un policía; porque ahí lo que hacen ,a mi criterio, es fomentar el gatillo fácil. Lo que vemos ahí es que el gobierno actual da una venia a esas actitudes que está teniendo la policía. Lo mismo se ve con el caso de Etchecolatz: por eso lo pongo como ejemplo, porque no es el único represor con prisión domiciliaria y realmente es vergonzoso. Sobre todo, para una persona que tiene la cantidad de condenas y perpetuas que tiene él, la cantidad de torturas y asesinatos probados; es realmente terrible que se quiera leer que es un anciano, “que si hizo algo, ya paso”, y que tiene derecho a vivir como cualquiera. No tiene derecho a vivir como cualquiera. Su lugar es la cárcel, no la casa, no un barrio común, donde vivimos los vecinos de la ciudad de Mar del Plata.

Caput: Volviendo al tema que amerita esta conversación, ¿tenés alguna anécdota para recordar a Lohana Berkins para contarnos?

Daniela Castro: El día que mi fallo fue favorable, cuando salí del juzgado, ella fue la primer persona a la que llamé. Le di la noticia del veredicto, le dije que habíamos sentado precedencia en la Provincia de Buenos Aires y que el proyecto de ley comenzaba a tomar más fuerza. Fueron lágrimas compartidas. Así la recuerdo, en cada momento de mi vida, Lohana sigue siendo una maestra para cada una de nosotras; para mí, en lo personal es una guía que lamentablemente no está de cuerpo presente, pero con cada una de las cosas que ha dejado hace que nuestra vida sea mucho más llevadera. Muchas veces en soledad me siento a pensar qué hubiese hecho, cómo lo hubiese manejado. Desde donde está, seguramente nos sigue dando una mano y nos sigue guiando. Así es como la recuerdo.

Pasó en Caput.