Organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, sindicales y políticas se movilizaron para pedir que el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz vuelva a la cárcel. Rubén López señaló la importancia de la movilización para lograr revertir la prisión domiciliaria. Pablo Llonto sostuvo que algunos magistrados sucumben a las presiones del macrismo.

Rubén, el hijo de Jorge Julio López, que desapareció por segunda vez cuando era querellante y testigo en el juicio que se le realizaba a Miguel Osvaldo Etchecolatz por delitos de lesa humanidad en La Plata en el 2006, declaró: “Es impresionante la cantidad de gente que estaba y seguía entrando. Es la fuerza que te da la gente de abajo para que podamos continuar la lucha“, sostuvo desde la rambla marplatense, en diálogo con Juan Martín Ramos Padilla.

Al ser consultado si la masiva movilización de la ciudadanía podía revertir la prisión domiciliaria que recibió quien fuera la mano derecha de Ramón Camps, López respondió: “Es eso lo que buscamos, lo que pedimos y lo que queremos lograr”. Y agregó que es “ la única forma” de que los genocidas “terminen presos”.

Por su parte, el abogado querellante en causas de derechos humanos y periodista, Pablo Llonto, sostuvo que siente “la tristeza de que algunos jueces empezaron a claudicar y a responder al macrismo”.

Frente al avance de la impunidad, Llonto aseguró que “la política de los escraches va a ser la respuesta de la sociedad a las prisiones domiciliarias. Que su casa sea también una prisión”, señaló desde la marcha.

Radio Caput hizo una transmisión especial desde que la concentración comenzó frente al Tribunal Oral Federal Criminal N°6, integrado por los jueces José Martínez Sobrino y Fernando Canero, quienes hace pocos días le dieron la prisión domiciliaria al genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, beneficio que disfruta desde el 29 de diciembre en el Bosque Peralta Ramos. Integrada por diversos organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, sindicales y políticas, la movilización llegó hasta la rambla y despertó del letargo a una ciudad conmovida por la presencia del represor.

Pasó en Caput.