El caso de Navarro se inscribe en un contexto de progresivo apagón informativo comenzado el 10 de diciembre de 2015. Es una política oficial destinada a marginar o acallar las voces críticas al modelo macrista.

La censura a Navarro, sea directa o indirecta, no es la primera ni será la última. El macrismo necesita unanimidad para el ajuste. Depende de nosotros que seamos más fuertes que las presiones y la censura oficial.

La democracia no puede tolerar este tipo de persecuciones, que lo único que hacen es invalidar la democracia y lo derechos políticos consagrados en la Constitución Nacional de todos los argentinos. Hubo un antes de Navarro y habrá otros después, dependerá de nosotros ponerle un freno a la intolerancia oficialista.

Roberto Caballero